Ayer soñé que me llamabas
como tantas otras veces
durante tantos años;
escuchaba tu voz
volvía a oírte
eras
inconfundiblemente
mi hermano.
No recuerdo
de qué hablábamos
pero eso da igual
platicábamos
volvíamos a nuestros diálogos
con sinceridad
con admiración,
como hermanos.
La mañana
su luz
me ha despertado
y he recordado que ya no estás,
aunque tu presencia
y el sonido tenue
de tu voz
todavía perduran.
Las llamadas,
los móviles
las voces
los aullidos de la enfermedad,
pero la familia siempre ahí
tan imperfectamente
a tu lado.
A pesar de todo
-de todos-
te extrañaré.
Extraño tus llamadas.
Les Fonts, 29 de mayo de 2016