LA ENFERMEDAD

Son
mucho antes que el fuego
los fragmentos de rabia
que se prenden
de la tierna llama
de la juventud,
las puertas
que no se abren
los murmullos de voces
que dicen «miedo»
el silencio de los gritos
adormecidos en la almohada
de una habitación.
Las lágrimas
los cuchillos hambrientos
y afilados
en tus manos llenas
de inocencia
la desconfianza de los otros
la tristeza de no reconocerte
de no quererte ver
en el sagrado espejo
de los años.
La violencia contenida
y continente
de todos los fracasos
después
el miedo
otra vez,
los besos perdidos
la cabeza adormecida
las muecas en lo alto
cuando las sirenas te llamaban
para el sacrificio.
El hospital
las paredes blancas
el olor a cigarrillo
las pastillas amargas,
el coro de ángeles
a tu alrededor
entre nosotros
-con nosotros-
bailando solos
cantando solos
muy cerca
pero a la vez
tan infinitamente lejos.

hermano
la vida puede ser así
pudo ser eso
un episodio
en el infierno
interminable
donde solo
estabas tú.
Pero,
no sé
de algún modo
-y esto es lo importante-
al final ganaste:
resolviste la injusticia.
Fuiste fiel
al significado de tu nombre,
«Rafael».

Les Fonts, 4 de junio de 2016

RAFAEL

Hay un trozo de vida
que falta en esta casa
de paredes altas,
de cicatrices
y ventanales amplios
que miran a los años
que no van a volver.
Todo huele a recuerdo
y es el silencio
como tu corazón apagado
una imagen antigua que pende
incapaz de hablar con tu voz,
ni de sonreírnos,
o darnos un abrazo.
Hermano
cada día me acuerdo de ti
porque no logra el tiempo
todavía
esquivar la luz
de tu memoria tan cercana,
tampoco el verano
con su verde calidez
se olvida hoy de tus gestos,
ni de tus últimas
zambullidas en el agua.
En la plaza
ya no están los amigos
ya no estás tú
pero los jacarandás
desde lo alto
todavía custodian tu recuerdo
¿Cómo no hacerlo?
¿Por qué no hacerlo
cuando tu bondad era tanta?
Maldita enfermedad
que punza los destinos,
azar injusto
que nunca te ayudó,
no comprendo muchas cosas
pero siento tantas
y tan buenas
cuando me acuerdo de ti…
Querido ser
querido hermano
todo es diferente sin ti
-después de ti-,
ya lo sabes
supongo
que tú no hiciste
el mundo más enfermo
porque,
y ten esto muy claro:
la enfermedad es el mundo,
Rafael.

Les Fonts, 5 de julio de 2016


LLAMADAS

Ayer soñé que me llamabas
como tantas otras veces
durante tantos años;
escuchaba tu voz
volvía a oírte
eras
inconfundiblemente
mi hermano.
No recuerdo
de qué hablábamos
pero eso da igual
platicábamos
volvíamos a nuestros diálogos
con sinceridad
con admiración,
como hermanos.
La mañana
su luz
me ha despertado
y he recordado que ya no estás,
aunque tu presencia
y el sonido tenue
de tu voz
todavía perduran.
Las llamadas,
los móviles
las voces
los aullidos de la enfermedad,
pero la familia siempre ahí
tan imperfectamente
a tu lado.
A pesar de todo
-de todos-
te extrañaré.
Extraño tus llamadas.

Les Fonts, 29 de mayo de 2016

TRES TORRES

Ya la vida te es ajena
ahora
después de enfrentarte
a la velocidad del tren.
Fue en esa vieja estación
gris
de los ferrocarriles,
en ese trozo
de recuerdos subterráneos
tan familiar
para nosotros,
tan común.
Hermano
fuiste valiente como pocos
tú decidiste
y nadie más
el momento exacto
el instante decisivo
tu último segundo.
Pobre no
bello hermano
que la naturaleza fracasó,
alma de corazón desnudo
cabeza de relámpago
noble ser
de incandescente nervio
forjado.
Debían ser las siete
de la tarde
hablaste conmigo
-con todos-
unas horas antes,
pero nadie te reveló nada
supongo.
No hubo ninguna luz
ningún camino
solo el silencio
antes de partir
y la voz apagada
de tu sufrimiento
que se fundió en un grito
aquella tarde
en el túnel oscuro,
junto al andén.
Después,
el escalofrío,
la indiferencia
la muerte silenciosa y distante
y el «no volver a verte»
nunca más.
Fue un miércoles
de marzo
antes de tus
cuarenta,
en nuestra estación
en nuestra casa.
Tu casa.

Les Fonts, 23 de mayo de 2016

LA DESPEDIDA

Vino a verte toda la familia
la de los buenos tiempos
la nuestra,
la de la masía.
¿Te acuerdas?
Nos juntamos todos otra vez
después de tantos años
y de tantas historias
-de tantos vacíos –
tú estabas en el centro
como te gustaba estar
bajo un tumulto de flores
escondido en una caja.
Nadie miraba a nadie
pero todos nos veíamos,
nos reconocíamos,
nos sabíamos
sin más.
Las lágrimas resonaban
como un eco de murmullos
entre las paredes altas
y magnánimas
del crematorio celestial.
Fue en Montjuïc
-donde tu amigo-
pero los juglares
no estaban invitados
solo gente buena
que blandía violines
y vestía con chaqueta.
Venía a «tocarte»
lo que les dijimos,
claro,
lo que te gustaba,
acuérdate:
lo que tú tocabas
cuando amaste a la guitarra
más que a ninguna mujer.
Fue bonito, hermano
mucho más de lo que
nunca pude imaginar,
hubieron muchos besos
muchos abrazos
también incienso
y flores
¡cuántas flores murieron para recordarte!
Todo era de verdad,
créeme
no era ningún sueño.
La gente todavía te quería,
te queríamos
todos
todas.
Tu familia.

Les Fonts, 16 de mayo de 2016

PRIMERAS HORAS

Intento describir
el sentimiento de tu ausencia
el mundo que has dejado inacabado
esa vida libre
que tan dignamente
decidiste terminar
(era tu vida
al fin y al cabo
y de nadie más).
Ahora
ya nada es igual,
cada momento
cada segundo
cada instante sin ti
es diferente:
el cielo no es el mismo cielo
y ningún árbol ya es el mismo árbol,
el aire no es el mismo aire
y cada imagen que veo
evoca necesariamente tu recuerdo
en cada momento
en cada segundo
en cada instante,
inequívocamente .
Siempre.

Les Fonts, 10 de mayo de 2016

ÚLTIMO DOMINGO

Abro la nevera,
hay restos de pollo
guardados en un táper.
Recuerdo perfectamente
el último día
cuando lo comimos juntos.
El pollo
aún estaba caliente
como tu sangre
como tu carne.
No estábamos solos,
comimos patatas también
todo te gustó
«Todo está bueno»
dijiste.
Eso me alegró,
tu paz
era mi paz
y tu silencio
mi silencio.
Nos queríamos,
quizás por eso
no pudimos comer mucho,
pero no sé
todo es confuso.
Ahora ya no estás
y el pollo sigue frío
como lo dejamos,
en un táper.
Y yo te recuerdo
hermano mío
querido hermano.
Todavía te veo sentado
en el viejo sofá blanco
del comedor luminoso,
en mi piso nuevo de Les Fonts.
¿Estabas cómodo?
Yo creo que sí,
se te notaba
(nunca renunciaste a la comodidad,
reconozcámoslo).
Después
en el camino de vuelta
junto al puente,
te hice la última foto.
No dijiste que no
te pareció bien.
Ya volvíais a casa
a nuestra casa
¿en qué estarías pensando tú?
Yo me quedé contento
de verte tan cerca.
Tan mío.
Tan querido.
Tan hermano.

Les Fonts, 3 de abril de 2016

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